Escritura de tacones altos


…Estaba tan furiosa que me sentía como si estuviera enamorada…


…Era como estar enamorado, ¿sabes? Sólo que lo que sentía era odio…

C.F

Una ex actriz porno de origen italiano como súper heroína de una novela negra que desmantela, ella solita, una organización que prostituye niñas extranjeras (rumanas, húngaras y eslavas) y –se sugiere- trafican con sus órganos cuando ya la “mercancía” ha dejado de ser “atractiva” para sus torcida clientela. ¡Alucinante! Más aún si está narrado desde el punto de vista femenino, una “chica maja” cuyo nombre de batalla es Angel Dare, y dirige una agencia de actrices porno perfectamente en regla y con todas las garantías laborales para sus trabajadoras. Una empresaria que no se droga ni se alcoholiza porque se habituó a ahorrar el producto de su trabajo con miras a llevar una vida “honesta” algún día…algo así como una versión underground de Julia Roberts en Mujer bonita:



…Llevaba en el negocio siete años, y los años en el porno son muy parecidos a los años de los perros. Las chicas tienden a envejecer mucho más rápido por cada año real de ser humano… (Valdemar, Col. Es Pop, Madrid, 2010, traducción de Óscar Palmer Yáñez, p.112)



Fundar Daring Angels fue apostar por que las chicas del negocio necesitaban una alternativa positiva a los novios representantes, a los chulos con maletín y a las agencias abusivas dirigidas principalmente por hombres. Necesitaban una agencia dirigida por una mujer. Propiedad de una mujer. Que tratara a las chicas con respeto, que les guardara las espaldas y que se asegurara de que no acabaran devoradas vivas y escupidas de nuevo en menos de un año… (p. 129).

Asimismo, Angel critica quijotescamente los títulos misóginos que le aplican a los filmes XXX ciertos productores con los que, por supuesto, nunca había trabajado; Cerdas folladoras, Las putas no pueden decir no o Lo que sea por dinero. Sí: hasta una actriz porno puede asumir su actividad desde una perspectiva feminista y exigir respeto. Se enternece, además, con los tipos que desean acostarse con ella pero temen que, al estar tan habituada a miembros descomunales y súper potentes, termine mofándose de sus aparatos tan… estándar: “…Muchos tíos se piensan que no tienen nada que hacer conmigo porque no llevan una barra de acero de veinticinco centímetros entre las piernas. Lo cierto es que la polla más grande y dura del mundo resulta completamente inútil si no sabes cómo comer coño…” (p. 203)

Con todo, A la cara es una novela absolutamente original en un género que va más allá del noir y algunos críticos emparentan con el pulp, si bien su propia autora, en entrevista con Rob Hart, la denomina hardboiled (novela de crimen asociada con detectives y escaso o nulo sentimentalismo, como las de Dashiel Hammett yRaymond Chandler…muy tocados, por cierto, por la pulp fiction): “Veo a Angel Dare como una versión femenina y más compleja del típico protagonista hardboiled: un tipo solitario y duro que no se ve limitado por la moral tradicional a la hora de caminar por el sucio mundo del hampa . Como Mike Hammer o Sam Spade. Jamás pensé en Angel como una mujer fatal.”

A la cara es como una novela gráfica abundante en callejuelas oscuras, explosiones, rubias de enormes pechos, casi siempre artificiales; un ex policía con un amargo pasado familiar y la “chica buena” que de tonta no tiene un pelo. De mala tampoco….hasta que se meten con ella y con su negocio, producto del arduo ejercitar de su cuerpo. La autora, Christa Faust, podría ser la viva encarnación de su heroína; atractiva, sexy, tatuada hasta el último rincón de su cuerpo –su tatuaje favorito es una máquina de escribir que porta en el ombligo- y en sus tempranos cuarenta, aunque no haya trabajado en el porno pero si en una peep show de Times Square como “chica de cabina”…de las que hacen el “numerito” para un ansioso cliente solitario que contempla del otro lado del cristal mientras se masturba, “Nunca he hecho porno , pero sí muchos videos de fetichismo. Pero mientras me documentaba para escribir A la cara me pasé por estudios de varios niveles del cine para adultos. Olvídate de la puñetera internet. Para un escritor la mejor manera de documentarse es escuchando…

Christa Faust, que podría no ser su verdadero nombre, nació el 21 de junio de 1969 en Nueva York, aunque actualmente radica en Los Ángeles. Hija de padres divorciados, “divididos entre la Cocina del Infierno y el Bronx”. Desde que tiene uso de razón ha sobrevivido a sus pequeñas tragedias personales inventándose historias…incluso acudió a la universidad y llegó a impartir clases de literatura, hasta que descubrió que la verdadera escuela de los escritores está en leer a otros escritores, “Te puedes pasar la vida asistiendo a clases y talleres de escritura, retocando y puliendo la gran novela americana que nadie leerá nunca…o machacarte 95.000 palabras durante seis semanas sin dormir y curtirte como una profesional. Fue la mejor educación que he recibido.”

Un amigo le sugirió presentar uno de sus escritos “experimentales” para una antología…y terminó escribiendo a cuatro manos con otra gran autora del género de horror, Poppy Z. Britte, titulada Triads. Además, se ha permitido el lujo de escribir varias novelas inspiradas en películas, no precisamente artísticas, como Viernes 13 y Serpientes en el avión: “Mi entorno de trabajo no tiene nada de especial puesto que vivo en una casa diminuta y carezco de estudio: solo tengo una mesa en un rincón. Sin embargo vivo sola, con dos Boston terriers y dos gatos persas, lo cual no está nada mal. No soy escritora de cafetería, definitivamente. Vivo, a duras penas, de lo que escribo. A veces me pregunto si no sería mejor un trabajo aburrido que me dejara mucho dinero.”.

Christa Faust se ha especializado en novelas, digamos, “tarrantinianas” –por evocar a su fan número uno, el afamado director de cine que se refiere a ella como “la única morena en un mundo de rubias”-, pero la obra que la consagró definitivamente fue Money shot, publicado al castellano bajo el título A la cara, su única novela traducida a nuestro idioma a la fecha y nominada al prestigiado Premio Edgar. Los críticos han elogiado la belleza de la edición de Valdemar, que con esta novela inaugura una serie de literatura “pop” inspirada en una afamada serie estadounidense de libros llamada Hard Crime, donde publica la propia Christa.

Una de las razones por las que eligió a un personaje de las características de Angel Dare como heroína, continúa Christa, es porque estaba harta del estereotipo de las actrices porno como víctimas patéticas…aunque un par de sus personajes encajan en ese modelo y son tratadas sin miramientos pues, al parecer, Christa considera que solo las muy tontas e ingenuas se dejan corromper y transformar en muñecas inflables: mujercitas raquíticas que apenas pueden sostenerse en pie por el inmenso volumen de sus pechos de utilería: “No me gustan las novelas escritas en tono irónico que utilizan los tópicos del género con vocación camp a la vez que pretenden alzarse por encima de ellos con una actitud conscientemente distanciada, metalingüística y de listillo. Prefiero que me cuenten una historia clásica de traición y desesperación en un entorno moderno, poblada por personajes complejos y fallidos con los que los lectores de ahora puedan identificarse.” Y entre sus mayores influencias cita a Richard S. Pratter, Megan Abbot y Chester Himes.

Y no se puede acusar a Christa de no haber emprendido este ideal en su propia narrativa: A la cara está poblada de personajes decentes con muchos defectos, y de villanos asquerosamente simpáticos. Aunque parece muy compenetrada –y comprometida- con el género negro, señala que es prácticamente “nueva” en esto. Antes lo suyo era el splatterpunk, corriente ochentera, especie de gore con sensibilidad punk y existencialista, donde generalmente los protagonistas son zombies…de ahí que algunos de sus personajes –pienso en la psicótica Roxette hurgándose en una herida de bala del muslo con un cepillo de dientes… o la “dura de matar” pero encantadora Didi mientras se desangra en el baño- nos remitan a esa estética de la carne cayéndose a pedazos. Conforme vamos avanzando en la lectura, estamos a la espera de la arquetípica traición de alguno de los “buenos”…pero como todo en la narrativa de Christa, que respeta casi religiosamente los lineamientos del género, las cosas que tienen que suceder, suceden…pero en forma absolutamente impredecible. Y esa es otra de las virtudes que hay que aplaudirle.

Como en todos los ámbitos de la vida, incluso la industria pornográfica, existen personas decentes e indecentes, y Angel Dare –cuyo verdadero nombre no conoceremos nunca –pertenece, se ha visto ya, al primer bando. A través de su aventura se nos va revelando como una chica lista que ingresó al “negocio” por gusto, y no porque ningún novio le hubiera sorbido el coco como a Linda Lovelace. Como cualquier mujer normal ha sufrido por amor, pero su asombrosa fuerza de carácter se impone en todo momento, lo cual no significa que no se preocupe de vez en cuando por la ley de la gravedad que afecta sus otrora afamados –y naturales- pechos. Como en toda buena novela detectivesca, no puede faltar una secretaria listilla y medio puta, que en este caso en la encantadora cincuentona Didi, también ex actriz porno que trabaja a las órdenes de Angel y continúa vistiendo prendas ajustadas y ligando en los bares. Ella no es solo la empleada de confianza de Angel: es su mejor amiga y confidente, y ambas tienen un corazón de oro que se conmueve con las muchachitas famélicas que pretenden salir de la miseria a través del porno. Nunca imaginan que justamente una de ellas, que acarrea un enigmático maletín negro, llamada Lía, las meterá en un lío monumental del que solo un escritor extraordinariamente astuto podía salir tan campante.

Un día cualquiera, Angel recibe una llamada de su mejor amigo, que además dirigió la mayor parte de sus películas: otro tipo decente llamado Sam, casado con otra ex actriz porno que ahora se dedica a hornear galletitas y, contrario a la sexy Didi, ha adquirido el aspecto de una dulce matrona. Sam le suplica a Angel que trabaje en su nueva película porque el actor protagónico, Jesse Black, es un nuevo divo empeñado en no hacer ese filme con otra que no sea la mismísima legendaria Angel Dare. La ex actriz se rehúsa, alegando que está retirada, pero Sam insiste con algo que a ella le parece angustia…excesiva angustia… y Angel no soporta ver sufrir a sus amigos, así que muy profesional acude a la cita en una casa que parece más un set de película de fantasmas que de una porno. La violencia comienza casi de inmediato, con una interminable sesión de puñetazos emprendidos por el joven y guapo Jesse Black contra la recién llegada…y no precisamente porque se trate de una película bondage. Otros dos tipos se encuentran presentes y mantienen encañonado a Sam que no deja de rogar por la vida de su esposa a la que, al parecer, tienen secuestrada. Lo que a ellos les interesa saber es donde escondió Angel “el maletín”, pero ella no tiene idea de a qué se refieren…y tardará un buen rato antes de recordar a la chiquilla rumana que ese mismo día acudió en busca de una de las actrices de la agencia de Angel que se encontraba trabajando lejos de allí…la que abrazaba un maletín como el que describen los maleantes.

Jesse Black y sus compinches subestiman a Angel, a quien golpean y violan sin misericordia. La dan por muerta y la abandonan en el maletero de un coche abandonado en un lugar oscuro, sin imaginar que se trata de una chica fuerte y obstinada que todo ese tiempo ha peleado duro por su vida. Y uno se pregunta una vez más: ¿cómo sobrevivirá una chica desnuda, medio muerta, atrapada al interior de un maletero, y despojada de la única arma que llevaba consigo desde que un fan idiotizado empezó a acosarla, una coquetería, “un arma para chica”, que de algo le hubiera servido? Lo que salva a Angel, además de su astucia –que es la astucia de Christa Faust para desenredar sus propias madejas como surrealistas cubos de rubik- es su dignidad como mujer y un ardiente deseo de venganza contra quienes la han vejado. Un deseo que va creciendo como bola de nieve conforme averigua que su amigo Sam ha sido asesinado, y que, no conformes con “matarla”, han arruinado su buena reputación y su negocio sembrando material de pornografía infantil en su ordenador.

A quien recurre Angel en ayuda en primera instancia no es a Didi, pues teme meterla en problemas, sino a un policía retirado de origen mexicano-irlandés que le ha prestado servicios de protección llamado Lalo Malloy. Tiene que confiar necesariamente en alguien, y considera que ese silencioso personaje con una oreja deformada por algún truculento accidente, es el más indicado: este la pone en antecedentes respecto a que la policía la está buscando por el asesinato de su querido amigo Sam. Así entonces, Angel tiene dos misiones: escapar de la policía y atrapar a quienes han destrozado su vida, para lo cual deberá asumir un disfraz que le permita pasar inadvertida: un chico afeminado. Sin embargo, como se ha dicho ya, terminará haciendo mucho…mucho más de lo que se propone. Y de una manera por demás verosímil, por su fuera poco, con un desenlace que deja sin aliento. El escritor Duane Swierczynski no exagera cuando afirma: “A la cara consigue que la mayoría de las novelas policíacas parezcan tan excitantes como la postura del misionero un martes por la noche.”

En Estados Unidos se ha publicado ya la segunda aventura de Angel Dare titulada Choke hold, a quien la autora ha dejado un paquete bien pesado al final de A la cara. Al parecer la venganza no ha quedado completada como se sugiere en la primera parte, y nuestra heroína deberá recorrer los pasajes más áridos en Arizona en búsqueda de los miembros que quedan de la red de esclavistas sexuales. A la pregunta de Luigui Landeiro de si se parece a su heroína, Christa responde: “Para nada. Ella es de Chicago y yo de Nueva York.Ella tuvo un padre maltratador y el mío era un hippie vegetariano. Ella recibió una educación católica y yo crecí sin religión. Ella es una chica muy sociable y yo muy solitaria. Por supuesto, tenemos cosas en común, pero también tengo cosas en común con otros personajes de la novela, incluso con los de la peor calaña. Todo escritor pone algo de sí mismo en sus personajes, eso les da vida.”

 Blog de Christa Faust