Vocación de existir

Las mujeres vivimos nuestra vida privada como si fuera política...
SB

Muchos años después, muchas palabras después, muchos libros después, encontré en una hoja de un libro antiguo, escrito por un filósofo francés, una oración que pone en palabras mi distancia con los humanos.
Pienso, luego existo.
La oración me dejó la boca abierta, porque es, evidentemente, increíble. Basta tener 2 ojos en la cara para ver que todo lo que existe, primero existe y luego hace las cosas.
Pero lo más increíble es esto, que el filósofo no propone que así sea, sino que sólo pone en palabras lo que los humanos creen acerca de sí mismos. Que primero piensan y luego existen.
Y lo peor es lo que sigue. Que como los humanos viven así, creyendo que primero piensan y luego existen, piensan que todo aquello que no piensa no existe del todo.

Karen Nieto, narradora de La mujer que buceó dentro del corazón del mundo, Sabina Berman, Planeta, 2011.

Aunque ha incursionado con éxito en la novela (La bobe, Amores de segunda mano y más recientemente la extraordinaria Mujer que buceó dentro del corazón del mundo, que considero un trascendente parte aguas en su trayectoria literaria) y en la poesía, Sabina Berman Goldberg, "arquitecta del lenguaje", nacida en la Ciudad de México, el 21 de agosto de 1955, esencialmente dramaturga, "Escribo prosa también, pero el teatro es como el platillo fuerte", dice a Armando Partida Tayzan (Se buscan dramaturgos, Vol. I, CONACULTA, 2002). Afirma que lo escritora lo trae en la sangre, herencia directa de su abuelo que fue escritor de Biblias, “Escribía el texto sagrado con pluma y tinta negra en grandes pliegos que a su vez se volvían objetos sagrados”. Criada en el seno de una tradicional familia judía, en la que predominan los sicólogos, Sabina se distinguió por su feroz individualismo y rebeldía. Curiosamente, se rebelaba a la idea de ser una sicoanalista más de la dinastía, en primer lugar porque sus primeras lecturas de Freud (que habría de convertirse, qué ironía, en su icono, casi en su gurú), la hicieron odiarlo. Ella pensaba ser cualquier cosa, menos eso. Entonces, a pesar de quedar deslumbrada por Alejandro Jodorowsky en una puesta de Ionesco, pensó ser presidenta, bombera, pintora y roncarolera, pero no dramaturga. "Fui muy traviesa-confiesa a Susana Alicia Rosas, en una entrevista publicada en la antigua Etcétera, de Raúl Trejo Delabre:-me corrían de la escuela a cada rato, no podía estarme en paz. Cuando terminé la secundaria no me dieron carta de buena conducta, entonces fue muy difícil encontrar una prepa donde se les olvidara pedirme la carta". Sin embargo de la persona de su más familia que más sabemos es de su bobe, quien le inspiró una breve y preciosa nouvelle donde narra la historia de aquella niña judía de nariz pequeña pero aguileña que llegó a México desde Polonia, huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y habrá de convertirse en la abuela de una futura dramaturga que es llevada a fuerzas a la Sinagoga donde se aburre.

Independientemente de su mala conducta, Sabina destacó siempre por su inteligencia y su ingenio, "Mi hermana era la bella y yo la traviesa y supuestamente inteligente, definición que a las dos nos ha pesado. Ahora ella está terminando su doctorado en Filosofía porque ya se ha liberado de esa definición."

¿Y Sabina? Sigue negándose a ser una buena chica judía, aunque en obras como Los Caravajales, donde aborda la persecución de los judíos de la España del siglo XVI por el Santo Oficio, se explaya respecto a sus raíces, lo que le exigió, como la gran mayoría de sus obras, una investigación exhaustiva. Terminó estudiando Sicología, licenciada por la UIA, sin duda la mejor carrera que pudo elegir, como consta en el profundo contenido de sus obras que algunos juzgan "chistosas", como le ocurrió con la más taquillera de su producción, Entre Villa y una mujer desnuda (el título ironiza el de la novela del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, Entre Marx y una mujer desnuda), a la que ningún director serio quiso montar, según cuenta a Armando Partida Tayzan: "(...) Unos se referían a que era demasiado sentido del humor; ellos no hacían ese tipo de teatro, y los otros decían:-"Si me voy a lanzar con un dramaturgo mexicano, por qué voy a hacer algo que no va a tener éxito".-, o- "Pero entonces quiero algo que sea serio, no algo de lo que la gente se ría." El verdadero problema, considero yo, era el juego con una figura cuasi sagrada de la historia de México, Pancho Villa en este caso, que en la obra se manifiesta como el súmmum del machismo, es decir, el Macho Mexicano por antonomasia; ese espíritu chocarrero que habita a cada hombre mexicano que de pronto experimenta arrebatos contra la independencia que se han ganado sus parejas femeninas que no están dispuestas a servirles más como Adelitas. Finalmente, Cristina Galindo se arriesgó. La obra, protagonizada por Diana Bracho, Jesús Ochoa y Juan Carlos Colombo (en la versión fílmica este es reemplazado por Arturo Ríos), fue un éxito sin precedentes. Acercó a Sabina a las grandes audiencias pese a no ser una comedia "fácil", y se convirtió en una laureada película, dirigida por la propia Sabina e Isabelle Tardan, quien la acompañaría en posteriores proyectos también exitosos. "Yo, desde que tuve que ver con el cine, cada vez hago un teatro menos parecido al cine, menos realista. Pero por otro lado sí asimilé la edición de cine, el hecho de saltarme los puentes entre una escena y otra", declara Sabina.

Su trayectoria como dramaturga arranca en su época de universitaria, cuando dramatizó unos poemas de su autoría y casualmente ganó un concurso convocado por Luis de Tavira. Destacada alumna nada menos que de Vicente Leñero y Hugo Argüelles, el triunfo no se le dio, sin embargo, de forma fácil, "(...) he tenido que hacer trabajo pirata, escribir cosas para ganarme la vida, para "tele", o para revistas; y sé muy claramente lo que es escribir con falsedad". Aunque su obra juvenil es respetable (Esto no es una obra de teatro, El suplicio del placer, Rompecabezas), Sabina considera que su etapa adulta empieza con la antes citada Los Carvajales, obra que hurga despiadadamente en la sicología y la doblez de los personajes, característica que habría de tornarse distintiva de la producción Bermiana. Sin embargo, lo que terminaría por tornear su estilo, a decir de los críticos, sería su relajada postura feminista ante las relaciones de pareja que tiene su parte fársica en Entre Villa..., y su parte oscura en Muerte súbita, de la que nos dice Partida Tayzan: "(...) la estructura dramática ha logrado la síntesis en la exposición de la situación inicial de la pareja, en el planteamiento de su vida en común y, con ello, sus encuentros y desencuentros; a través de la unidad espacial y temporal. Aquí no hay que hacer mención de dos conflictos distintos de parejas: el heterosexual y el homosexual, y su imposibilidad de alcanzar la realización total (...)" (Se buscan dramaturgos, Vol. II). La idea de Muerte súbita se anticipó en su novela Amores de segunda mano (Oceáno, 1995), donde Sabina divide los amores en "nutrientes y esperanzadores" y "de hambre y veneno", concluyendo que la mayoría (los que a ella interesan como objeto de trabajo) pertenecen a esta última categoría.

En dos de sus obras, Moliére y Feliz nuevo siglo Doctor Freud, Sabina demuestra que pese a su declarado feminismo –o acaso precisamente por ser feminista- es perfectamente capaz de asumir una perspectiva masculina. Esta última se empezó a escribir en su pupitre de universitaria, y la retomó varios años después, luego que su sobrina discutió con su padre (hermano de Sabina) que no consideraba que la ingeniería fuera una carrera adecuada para una mujer. Con un Doctor Freud espléndidamente caracterizado por Ricardo Blume, Feliz siglo..., se centra en el conflicto entre Freud y su célebre paciente, Dora: "Eso de que tenemos envidia del pene me parece maravillosamente imaginativo –ríe Sabina, cuya expresión es incuestionablemente tierna- Es una idea machista divina, nada más nos dedicamos a querer tener un pene y, es más, según Freud, tenemos hijos para, si sale hombre, tener un pene casi nuestro. Me causa ternura, la fantasía de que el mundo gire alrededor del falo." Y esa ternura traspasa al personaje, al que resulta imposible no querer. Durante sus primeras lecturas de Sigmund Freud, la joven Sabina nunca imaginó que terminaría “enternecida” por el personaje, "poeta maldito de la existencia", que tan odioso le resultó en su momento y terminó recreando como nadie.

Pero Sabina Berman no es, en definitiva, y como suponen algunos que la ven en “la tele”, en el programa Shalalá, entrevistando políticos, una dramaturga light. Sus obras son tan complejas que en más de una ocasión ha declarado que prefiere dirigirlas ella misma, porque siempre está temiendo que otro director desvirtúe lo que tanto trabajo le ha costado decir. "Yo sí he tenido puestas que digo:-no reconozco esto, ¡qué maravilla!-, no le voy a decir a nadie que no lo reconozco, y otros en donde sí me siento con la necesidad y no lo hago, pero siento ganas de salir al lobby y decir: perdón, las palabras sí las escribí yo, pero me cambiaron la secuencia, etcétera." Pasa la mayor parte de su tiempo en su estudio de la Colonia Condesa, lidiando con sus propios personajes que parecen ser, asimismo, sus íntimos demonios. La frase del personaje central de Muerte súbita, "Soy mi propio capataz, mi propio esclavo y mi propio gurú", le viene como anillo al dedo. Según dice a Susana Rosas, se considera excelente ama de casa y no le gustan mucho las compras porque nunca tiene tiempo de pensar "qué me voy a poner". Las obras completas de Sabina Berman han sido reunidas en un voluminoso tomo. No hace mucho incursionó nuevamente en calidad de guionista en la película Backyard, “El traspatio”, de Carlos Carrera. No quisiera ahondar mucho respecto a mi muy personal percepción de esta película que aborda desde la ficción los feminicidios de Ciudad Juárez, pero lo considero el trabajo más flojo de Sabina…y no me sorprende: el tema se le escurre de las manos a cualquiera. La realidad es tan espeluznante y vergonzosa a un tiempo, que no debe haber sido nada fácil encontrarle un lado, digamos, accesible para traducirlo al lenguaje cinematográfico, aunque, claro, el que los chihuahuenses de la película –con excepción del gran actor Joaquín Cossío, oriundo de esa región- hablaran con acento del Distrito Federal no es culpa de Sabina, sí lo es el que se tenga que recurrir a una “civilizada” e “idealista” mujer policía del Centro para resolver los crímenes, como si en Ciudad Juárez no existieran suficientes mujeres que han dejado su vida en prenda luchando por una justicia de momento utópica para nosotros. Con todo, el talento de Sabina no deja de deslumbrarnos en ciertos momentos…en sus diálogos ágiles, ingeniosos, sorprendentes, punzantes…brutales cual debe en casos como este. No se trata, pues, de su mejor trabajo, pero no deja de presentar esos rasgos luminosos que la caracterizan.

Actualmente, Sabina trabaja junto con Alfonso Cuarón su primer guión para Hollywood tentativamente titulado Light, sin embargo, su más deslumbrante trabajo hasta el momento es la hermosa novela La mujer que buceó dentro del corazón del mundo, que al poco tiempo de su publicación, ha sido traducida a varios idiomas y publicada en varios países. Que se haya presentado primero en España –y perdón por lo que voy a decir- no me sorprende en lo absoluto: en México la crítica no apreciará lo suficiente una novela con una heroína con “capacidades diferentes”, en primer lugar por la alarmante ignorancia que existe al respecto y no es tal en Europa; en segundo porque el que el personaje protagónico sea una mujer, sin importar que no sea en lo absoluto una mujer común y corriente, la encasillará en lo que tan despectivamente se denomina “literatura femenina”. Y sin embargo Sabina asume con éxito el monumental reto de otorgarle las riendas de la narración a su protagonista, Karen Nieto, una joven autista con la inteligencia emocional de una niña de segundo año de primaria y no obstante genial en áreas en las que el común de la gente no suele destacar, ha sido interpretada por algunos críticos como una metáfora de la actual situación política de México, aunque al contrario del común de los mexicanos que se ven obligados a alimentar un optimismo irracional para no enfrentar su espantosa realidad, Karen, por su condición de autista, insiste en expresar la realidad sin florituras ni ambages, “Qué mejor mundo sería si la gente no usara metáforas ni eufemismos”, señala Karen, y sí, tiene razón al otorgarle ese poder a las palabras. Qué diferente sería México si dejáramos de emplear un vocabulario usurpador que logra su cometido de trastocar una guerra cruel y sin sentido en un trámite simplón pero necesario, y a las víctimas de dicha guerra en números vacuos: da lo mismo contar muertos que vivos. Señala Sabina en entrevista con Yanet Aguilar para el diario El Universal, “El mundo cultural se ha empequeñecido en México, no es alternativa. Estamos ahogados en malas noticias y obviamente cerrar los ojos no es la solución, pero tenemos que salir del pesimismo, ver de otra manera las cosas y buscar el rumbo.”

La mujer que buceó dentro del corazón del mundo inicia con la llegada de la aristocrática tía Isabelle a Mazatlán donde ha de atender lo que ha recibido por herencia: la atunera Consuelo, que perteneciera a su hermana mayor. Pero es muy poco, por no decir nada, lo que esta sofisticada y atractiva mujer sabe acerca de atunes, al grado de volver al estómago cuando presencia como los atunes son desentrañados por las obreras. Lo que Isabelle todavía no sabe, es que la herencia incluye una niñita desgreñada que se le aparecerá en una noche de tormenta mientras intenta dormir en su nuevo palacete con vista al mar más maravilloso del mundo (esto no lo dice la novela: lo afirma esta lectora). Pero quien más se asusta al ver abrir los ojos a la guapa desconocida es la pequeña quien lanza un grito espeluznante antes de salir huyendo. Isabelle no cree en fantasmas, así que interroga a La Gorda, la cocinera, respecto a “la cosa”, pues resulta que la niña ni siquiera tiene un nombre. La Gorda, quien evidentemente se compadece de la niña, le narra a medias una historia en el fondo terriblemente dolorosa e Isabelle intuye que aquella criatura es una hija oculta de su hermana, es decir, su sobrina. Asume entonces el reto de convertir a “la cosa” en un ser humano y empieza por ponerle un nombre: Karen.

Y Karen es la narradora de su propia historia, la cual comienza con la llegada de la tía Isabelle pues lo anterior es tan terrible que lo ha borrado de su mente….hasta casi el final del libro, cuando ese recuerdo retorna a su memoria casi cuarenta años después. Pareciera que tía Isabelle se hace cargo de la pequeña porque está aburrida y esto pudiera representar un reto maravilloso para ella, quien en realidad no está muy interesada en la atunera…pero más adelante comprendemos que esa ausencia de sentimentalismo no proviene de la tía Isabelle, sino de la narradora, que por su condición de “autista de alto rendimiento” (lo que hoy se conoce como “Síndrome de Asperger”) no es capaz de penetrar los sentimientos de los demás, solo de esbozarlos, lo que no solo otorga verosimilitud a la historia sino la torna más apasionante. El lector deberá leer entre líneas la gran ternura y sensibilidad de esa tía que salva la vida a una niña que ha sido tratada como un animal desde su nacimiento…también el amor que Karen despierta en un sensible marinero italiano que, lejos de aprovecharse de su condición autista (“inteligencia emocional de niña de segundo de primaria”) besa tiernamente la cruel cicatriz de su espalda que no es otra cosa que la evidencia del maltrato padecido por la madre que se avergonzaba de ella. Karen no solo aprenderá a pensar por ella misma y a tomar sus propias decisiones que podrán perjudicar a terceros, sino que se inventa un paraíso a la medida tras una serie de vivencias que le hacen entender, entre otras cosas, que los atunes tienen derecho a ser felices aunque no piensen: ¿Durante cuánto tiempo la gente a su alrededor la juzgó igual que a los atunes, como un ser no pensante que sin embargo resultó superdotada en áreas como la capacidad de memorización y el dibujo? Y, naturalmente, hay niñas de segundo de primaria que pueden captar cuando alguien quiere aprovecharse de su inocencia o inmadurez, y Karen es una de ellas.


Mi tía me contó de Albert Einstein, el matemático. Como Yo, Einstein tenía fijaciones. Se había pasado años y años sentado en una oficina de patentes en Berna, Suiza, reflexionando en una sola cosa, el Universo. Y había descubierto una teoría sobre el Universo muy elegante y sencilla que no entendí, y que mi tía, luego de tratar de explicármela 3 veces, me confesó que ella tampoco entendía.

Como Yo, Einstein era incapaz de repetir algo que no le parecía verdad, también hacía las cosas despacio y con suma atención, y también solucionaba los problemas de maneras nuevas y muy personales. Y ganó el premio Nobel, el premio más codiciado en el planeta Tierra (…) Son las personas con capacidades diferentes las que aportan cosas diferentes a la humanidad (p.p 80 y 81)


“Yo no soy Karen –afirma Sabina a Yaneth Aguilar. Cuesta creerlo. A menos, de manera absoluta. Un personaje tan maravilloso no pudo haber brotado sino de la carne, las vísceras y el corazón de su autora. Hace hincapié en el hecho de que Karen vive fuera del lenguaje…pero por lo mismo se hace acompañar en todo momento por un arma llamada Diccionario que le permite bucear entre especies mucho menos amistosas que las que encuentra cuando se sumerge en el mar con ese traje de buzo que desearía portar en todo momento, porque es su refugio, su burbuja, su mundo perfecto. Y estoy completamente segura que eso es lo más íntimo que comparte Sabina con su más entrañable personaje: la conciencia del valor de las palabras y de cómo estas tienen el poder de construir –o destruir- a un individuo. Y tanto Karen como su creadora son mujeres construidas de lenguaje.

Entrevista con Sabina Berman a propósito de La mujer que buceó dentro del corazón del mundo